
Dejemos a Elena Poniatowska la tarea de presentarnos a Rosa Nissán:
Nunca he conocido a ser humano más natural y espontáneo.
Rosa Nissán se adapta a la vida como una planta a la tierra, al
sol. Su reacción es inmediata. Su sufrimiento y su júbilo
la llenan por completo y hay mucho que llenar porque Rosita Nissán
es una mujer total, rotunda, ancho su regazo, anchas sus piernas que saben
bailar. Su corola vuela hacia la luz, se entrega a la vida y la acepta
por completo.
Novia que te vea es su primera novela y cualquiera de nosotros
estaría orgulloso de firmarla. Si no nos tomáramos tan en
serio podríamos pintar nuestra infancia, nuestra juventud como un
jubiloso descubrimiento. Pero he aquí que no tenemos la capacidad
nissaniana de enamoramiento, tampoco sabemos cuán cachonda es la
tierra, ni oímos el lento paso del tiempo en las campanas de la
iglesia, ni caminamos en los meses de lluvia en las veredas del Desierto
de los Leones, porque queremos domar a los leones para poderles asestar
nuestra obra. Rosa quiere que la posean y va diciendo: "Señor
León, ¿sería tan amable de tomarme entre sus garras?"
Con tal de que el león fuera judío los padres de Rosa estarían
de acuerdo porque el judaísmo lo traen en la médula de los
huesos y a Rosita siempre la alumbraron con el candelabro de siete brazos
y no vio más estrella que la de David. Hasta que de pronto y, con
todo y su numerosa prole, se convirtió en puras astillas de estrellas
y el judaísmo fue una astilla más en el espacio sideral.
Regresó a sí misma y ya no era la niña de antes,
la hija de judíos, en colegio de puros judíos, la del Club
Deportivo Israelita, la de una comunidad aislada. Era la misma rosa de
Jericó pero sus pétalos más carnosos, más sabios,
más frondosos se habían expandido hasta abarcarnos a todos.
Su única regla de conducta: su amor a los demás, sus
manos cálidas, su sonrisa, su candente originalidad de solecito
redondo que va rodando gozosa por todas las páginas de su Novia
que te vea liberándonos al liberarse y dándonos el libro
más fresco, más límpido, más puro, más
intocado de estos últimos años.
Elena Poniatowska