Nace en Argentina, reside en los Estados Unidos desde 1983. Escribe poesía, cuento y ensayo desde muy temprana edad. Sus trabajos han sido publicados en Argentina, México, Francia, Portugal y Estados Unidos.
Ha publicado: Indian Journeys (1993), Oficios y personas (1994), Guía para perplejos (1996), Poemas a Medianoche (1999), Como una viajera y sus postales (Like A Traveller and Her Postcards) (1999).
La traducción de los primeros poemarios de Gladys Illarregui ("Indian Journeys," "Oficios y personas," y "Guía para perplejos") realizada por Judy B. McInnis ha sido publicada en edición bilingüe por University Press of the South, Louisiana, 1999.
Premios:
-Federico García Lorca por Oficios y personas.
-Premio Plural de Poesía por Indian Journey,
trabajo que celebra las culturas indígenas, Editorial Excélsior,
México, 1993
-Jorge Luis Borges, premio literario auspiciado por la Editorial EMECE,
Argentina, por su colección titulada: Poemas a Medianoche,
agosto, 1999.
Dice en el prólogo, la autora: "A cierta edad una mujer se levanta y se conoce a sí misma, Sabe, por ejemplo, cuáles son las cosas que jamás haría, y cuáles son las obsesiones, los sueños, desde los cuales intenta interpretar el mundo. Hoy me encuentro en esta fase de mi vida. Repasando años de escritura silenciosa, me doy cuenta que sería falsificarme si ignorara los proyectos que realmente me interesan: el proyecto de escribir, el proyecto de crecer con una lengua, y dentro de ese lenguaje hacer vibrar mi tiempo."
"Al escribirlo [Oficios y personas] pensé en la gente que vive estos oficios diariamente, millones de seres humanos cuyas vidas transcurren en algunas de estas estoicas rutinas." El segundo trabajo lleva el título con que se publicó un libro de filosofía en el siglo XII. ...en estos versos identifico mi recorrido con el de otras mujeres, sujetas con una historicidad cotidiana, familiar, histórica, que buscan dentro de sus recursos expresivos, subjetivos, únicos, expresarse y hacer un pequeño espacio para sí mismas y para otros en el mundo."
Para ir al ensayo pulse sobre el número, para la autora pulse sobre el nombre.
Ensayo: 1.-Enfermedad
de la niñez y desarrollo poético en Guía para perplejos,Dra.
Judy B. McInnis, Universidad de Delaware
Este ensayo se encuentra publicado en el volumen II de Reflexiones
El segundo volumen incluye a las escritoras Angélica Gorodischer,
Lucía Guerra, Gladys Ilarregui, Angeles
Mastretta, Andrea Maturana, Mayra Montero, Rosabetty Muñoz,
Carmen Ollé, Cristina Peri Rossi, Aline
Pettersson, Alejandra Pizarnik, Elena Poniatowska, Nela Río,
Esmeralda Santiago, Marcela Serrano,
Angélica Tornero, Cecilia Urbina, Rosina Valcárcel, Zoé
Valdés, Luisa Valenzuela, Antonieta Villamil y
Yolanda Westphalen.
El primer volumen incluye a las escritoras
Claribel Alegría, Isabel Allende, Odette Alonso, Julia Alvarez,
Inés Arredondo, Sandra Benítez, Yolanda Blanco, María
Luisa Bombal, Carmen Boullosa, Rosa María Britton, Cecilia Bustamante,
Ana Castillo, Martha Cerda, Sandra Cisneros, Diamela Eltit, Laura Esquivel,
Rosario Ferré, Renée Ferrer, Elena Garro, Iliana Godoy y
Jacqueline Goldberg.
El poema en mangas de camisa
de tarde en tarde mi madre oía la máquina
teclear
(aunque estaba muy lejos, el sonido de la máquina
rasgaba
el papel, iba desde la casa a los vecinos hasta
la panadería,
subía por la cola de los gatos hasta las
bicicletas,
llegaba transpirando en el verano al oído
de mi madre,
que exhausta la escuchaba persistir)
era una máquina olympia alemana, tecleaba
sin pudor
como si saliera de una guerra y se metiera en
otra
como si la destrucción de los edificios
y lo que eran esquinas
se hubiera subido hasta el teclado y volviera
a visitarme
en una tarde pesada de enero, aquellos años,
y desde el polvo, desde la destrucción
sistemática
se uniera a esta otra forma de morirse volcando
la cabeza
hacia atrás, a esta otra forma de morder
los días como lóbulos
hasta lastimarlos: y mi madre lloraba caminando
por la casa,
lloraba sonándose la nariz, en sandalias
mirando el pasto
los pequeños insectos que sonreían
sin saber por qué
y yo seguía tecleando como si no tuviera
más que una locura
de hojas escritas, como si el hastío de
sentirme impotente
me hubiera dado cuatro manos, y ese taca-taca
llegara hasta
los rezos de mi vecina del tercer piso, y esos
puntos finales,
irremediables, perforaran la página como
una picadura de verano
con el deseo de borrar heridos, con el devaneo
de crear
un discurso para los escombros, para los fragmentos
de texto
de otras vidas.