Cristina Gutiérrez Richaud nace el 15 de junio de 1956 en Guadalajara,
Jalisco, México. Es miembro del PEN Club Internacional, centro de
Guadalajara. Ha publicado en todos los diarios tapatíos, así
como en periódicos de la capital de la república y en diversas
revistas literarias nacionales e internacionales. Cultiva los géneros
de poesía, teatro, cuento, ensayo y novela.
Ha publicado:
Novelas: Mujer de cabellos cortos y buenas piernas, Ediciones Castillo, Monterrey, México, 1996
Poesía: Las sombras que refleje mañana, Unidad Editorial del Gobierno del Estado de Jalisco, UNED, 1987; Flor de poesía en Guadalajara, antología, Ayuntamiento de Guadalajara, 1986-1988; Poesía reciente de Jalisco, antología, Colección del Centro de Estudios Literarios, Universidad de Guadalajara, 1989; Calendario de palabras, antología, Consejo estatal de la Cultura y las Artes (CECA), 1992; De ángeles y cegueras, La Luciérnaga, 1993; Sólo basta cerrar las piernas para ser sirena, Vigía, Matanzas, Cuba, 1996, Ediciones Castillo, México, 1997; Outstanding Achievements, antología, Iliad Press, Michigan, U.S.A., 1997
Cuento: Sin mí me muero, Consejo estatal de la Cultura y las Artes, 1993; Erótica, antología de cuentos, Edamex y Secretaría de Cultura de Jalisco, México, 1997
Teatro: Linaje de Barro, Secretaría de Cultura, 1996; Teatro mexicano del siglo XX: 1900-1986, Instituto Mexicano del Seguro Social, México D.F., tomo III.
Ensayo: Elías Nandino o la nostalgia del origen,
Vigía, Cuba, 1996; Las fronteras del erotismo y otros ensayos,
Secretaría de Cultura, Guadalajara, Jalisco, México, 1998
Soy la criatura de este libro , un ser de poca carne y poco hueso,
un personaje irreal imposible de encajar en sus gustos, en sus moldes o
creencias, pero así salí de la punta del lápiz de
Cristina. Soy esta recién venida inesperada, una mujer que decide
ser Sirena para mariposear en los linderos de lo prohibido; tal vez sólo
busco en esta aventura el modo vago de liberarme de mí misma.
No es fácil atravesar el amor y el desamor, los encuentros
y desencuentros, la búsqueda de la infinita felicidad en el otro
o en mis otros yoes. No es fácil ser y no ser Sirena simultáneamente,
y entonces poseer un cúmulo de contradicciones que aunque humanas
devienen inquietantes y a la vez divertidas; además de tener la
certeza de no poder vivir sin el motor de la angustia.
No seré yo la última en romper la superficie de un
mar inconquistable hasta ayer, hay otros que me contemplan con asombro
mientras enfilan sus proas a mi paraíso recuperado.
¡Ay de aquél que cierra definitivamente sus piernas!
Cuánto pierde el que no se asoma al peligro de esta humedad
que existe mucho más allá del sexo, en donde nos embriagamos
las Sirenas que no supimos, ni queremos, ni podremos clausurar irremediablemente
nuestras piernas.